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Algunas situaciones sugerentes para una reflexión sobre la pertinencia del Coaching:
He promocionado recientemente a funciones directivas a personas en las que confío y quiero ayudarles a una mejor y más rápida adaptación a su nuevo rol.
Percibo que los directivos que colaboran conmigo tienden a actitudes de ordenación y supervisión meticulosa de las operaciones a su cargo, y además están desbordados, y no dedican los suficientes esfuerzos, a mi entender, a la mejora de procesos y al desarrollo de sus colaboradores.
Hemos incorporado personas provinentes de otras Organizaciones y estoy teniendo dificultades para que se adapten a NUESTRA manera de hacer las cosas.
Tengo la impresión de que todos o algunos de mis colaboradores no acaban de tomar las iniciativas que espero de ellos y, sin embargo, creo que podrían hacerlo mucho mejor.
Estoy ante un cambio complejo y de gran alcance y me gustaría contrastar mis ideas con alguien independiente que además de una visión imparcial y experta, me ayude a una mejor toma de decisiones... pero todos a los que conozco con la capacidad suficiente, no me parecen oportunos en esta situación.
Percibo que últimamente mi cargo directivo se ha reducido al de Apagafuegos.
En la Nueva Organización que ha adquirido mi anterior empresa me siento inseguro por más que me esfuerzo en alcanzar los objetivos marcados.
Últimamente me aburro.
Tengo un directivo a mi cargo que no acaba de funcionar como yo quisiera, pero tengo dudas sobre las causas y me gustaría descartar cuestiones solventables antes de tomar una decisión.
Quiero lanzar a mi Organización a un proceso de desarrollo que nos permita afrontar los nuevos retos a los que nos enfrentamos y que nos van a exigir una mayor carga cuantitativa de trabajo, pero sobre todo cambios cualitativos en profundidad en los roles de nuestros colaboradores.
Todo el mundo habla de estrategia pero, ¿cómo acertar?.
A. tiene un problema con su gente y teniendo en cuenta el nivel que está alcanzando el conflicto me temo que nos va a pasar factura. pero no quiero desautorizarlo porque, por lo demás, es un buen profesional.
¡Cuánto hemos crecido! A veces tengo la sensación de que nada es lo que era y que debo recuperar el control, pero cuando lo intento percibo en mis mejores colaboradores cierto fastidio y el intento acaba decayendo. Voy como a golpes.